jueves, 16 de febrero de 2012
menuda joya
Hoy, rebuscando entre tus discos he encontrado esto. He pensado en escribir algo para acompañarlo, pero no me atrevo. Es demasiado bueno. Lo jodería.
Voy a escucharme todo el disco, en busca de inspiración.
sábado, 11 de febrero de 2012
esclava
martes, 10 de enero de 2012
mal
Como los juguetes rotos, estoy aquí tirada en el cajón del olvido. Sabía que iba a ser duro, pero no esperaba tanto ensañamiento. Desde el sofá sólo acierto a poner una y otra vez el video que grabamos ilusionados hace tan solo unas semanas, aquel en el que decías que tú y yo estaríamos siempre juntos. Ahora lo pongo y lo pongo, y lo vuelvo a poner una y otra vez, una y otra vez, y no alcanzo a comprender. Tú te has ido. Ni siquiera ha nacido el bebé y tú ya no estás. Me lo has dicho con gran corrección, has usado bellas palabras. Tan bellas que no he entendido ni una sola. No paro de darle vueltas a tus explicaciones, y cada vez las entiendo menos, y las palabras se entremezclan, y son sustituidas por otras, y se confunden, se alteran, se distorsionan, y el discurso que martillea mi mente ya no es ni de lejos parecido al original. Y me da rabia no recordarlo, como si estuviera olvidando por completo las claves que me pueden llevar a descifrar el misterio. Solo recuerdo tus manos, el olor de tu pelo, y a ti, de pie frente a mí, diciendo: "no me entiendes, Sara, no me entiendes"
Y no, no te entiendo.
domingo, 4 de diciembre de 2011
Cinco motivos para llorar
Lamento si este post resulta prosaico para todos aquellos que esperan su dosis de misterio y jeroglífico, pero hoy no me voy a andar por las ramas: Sí, estoy embarazada.
Es posible que a alguien le extrañe mi llanto ante esta noticia tan asombrosa a la par que hermosa, puesto que el embarazo, a pesar de ser inesperado, no es un embarazo no deseado... estos son mis cinco motivos.
......................................
El primero.
Siempre me han dado miedo los ascensores. Viajaba en uno de ellos de niña, cuando éste se descolgó en caída libre a lo largo de 30 interminables centímetros... sí, sí, reíos, pero deberíais probar la sensación de que el suelo se hunda bajo vuestros pies repentinamente un equivalente a entre la tercera parte y la mitad de vuestra estatura. Desde entonces siempre me subo cuando es imprescindible, presa de una indescriptible aprehensión, y cuando digo indescriptible, es que renuncio a intentar describirla. Para colmo de males, un buen día, en un edificio de bastantes plantas, al pulsar el piso -yo iba al 9º- por error pulsé el botón de la columna de al lado (el 19º y último) así que al llegar al 9º comprobé con horror que el ascensor me había secuestrado y no paraba. Conforme éste se fue acercando al ático me invadió la terrible sensación de que el ascensor no tenía la más mínima intención de parar, y que irremediablemente atravesaría la cubierta del edificio para catapultarse al infinito conmigo dentro. Me imaginé perdiendo la sensación de gravedad, precipitada al vacío en un vuelo imparable y sin control que inexorablemente acabaría en un hostión contra el suelo del que no saldría viva. Me tapé los ojos aterrorizada, gritando, me meé encima, y cuando el ascensor paró, por fin, en la decimonovena planta, salí como una exhalación al vestíbulo, donde 5 personas observaron atónitas cómo la chica supuestamente autora de ese alarido de ultratumba que subió hasta sus oídos por el hueco del ascensor, salía con la mirada desencajada y la cara llena de mocos y lágrimas, y aterrizaba vomitando en la primera maceta que encontró a a su paso.
El otro día, con el predictor en la mano, me sentí prácticamente igual. Sentí que había traspasado las fronteras de mis posibilidades, y me invadió un pánico atroz a no ser capaz de afrontarlo, no saber qué teta darle primero, no saber qué hacer cuando tenga fiebre, un pánico atroz a cagarla...
El segundo.
No soporto el trato directo con la gente si no es elegido por mí: no puedo soportar la idea de que todos los gilipollas que me rodean se acerquen a darme sus parabienes y felicitaciones. Especialmente el hijo de puta de su abuelo. Esto es algo tan personal... No quiero que se me acerquen, y lo harán. No sé si estoy preparada para eso. No sé..., no sé si los mandaré a todos a la puñetera mierda. No quiero ser el puto centro de atención.
El tercero.
No olvido el calvario pasado en mi infancia, adolescencia, y parte de mi vida adulta. He tenido verdaderos problemas a causa de mi carácter, y de ciertos pequeños seres de color negro que durante mucho tiempo habitaron en mi loca cabecita. No quiero que ellos vuelvan, y aunque me han garantizado que eso no ocurrirá, tengo miedo a que aparezcan de improviso y me pillen con mi bebé en brazos.
El cuarto.
No me creo que esto pueda ser verdad. No me veo con una barriga del quince. Siento que no merezco esto, que alguien se ha equivocado de puerta al entregar el paquete. En cualquier momento sonará el timbre y llegará el de SEUR a decirme, perdone, señora, me equivoqué, esto no es para usted.
El quinto.
Hay tantas personas con las que me hubiera gustado compartir esto, y no están. Ya no puede ser. Me gustaría tenerlos a todos ahora mismo, palpando mi vientre en busca de una incipiente señal de vida en mi barriga aún plana.
Susana lo sabe todo. Ahora sale todos los días del cole y se abraza a mí, y me dice: ¿a ver, mami, a ver? (hace tiempo que Susana me llama mami) y se pasa un rato escuchando, con su oreja pegada a mi barriga, mientras yo conduzco hacia casa. Ese es un motivo para sonreir, aunque eso ya es parte de otra historia.
Esto es bueno para nosotras, mi niña. Esto es bueno.
Acaricia mi vientre, acerca tu oido, disfruta y créetelo.
Porque esto es bueno para nosotras, es bueno, mi niña
y sobre todo, es para nosotras.
En tus ojos hay tantas miradas, tantas...
Hay un sexto motivo, el más importante, pero no me siento con fuerzas para contarlo. Aunque en su día ya hablé de ello.
miércoles, 30 de noviembre de 2011
preggie
Aquí estoy, contemplando mi cuerpo desnudo frente al espejo. Y no puedo parar de llorar.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
forlorn
Hoy me ha dado de nuevo por pasear por aquellos jardines que tú sabes... después de tanto tiempo. He visto los nidos donde antaño hubo pájaros que trinaban, los bancos donde nos sentábamos a charlar, cubiertos ahora de polvo, mugre y olvido. En mi mente han resonado los ecos de nuestras risas, llantos, confesiones, confidencias, chistes, abrazos, palmadas en la espalda, aplausos, explosiones de júbilo, felicitaciones. Y no había avanzado más que unos pocos pasos cuando ya me ha invadido una inmensa tristeza. Creía, tonta de mí, que iba a ser más fuerte, pero que va: he llorado como una Magdalena. Y no he podido seguir contemplando tanta desolación. Y cuando me he dado la vuelta y he salido huyendo de allí, mis pies me han llevado corriendo a tu puerta. Y al girar el picaporte he descubierto que estaba cerrada. Y ahora estoy desolada.
sábado, 5 de noviembre de 2011
Pedro y Martita, Capítulo 4
Pedro, tengo hambre.