Bueno que pasa, ¿nadie me va a dar un beso?

jueves, 16 de febrero de 2012

menuda joya

Scream In Blue (1984: Horden Pavilion, Sydney, Australia) by Midnight Oil on Grooveshark


Hoy, rebuscando entre tus discos he encontrado esto. He pensado en escribir algo para acompañarlo, pero no me atrevo. Es demasiado bueno. Lo jodería.

Voy a escucharme todo el disco, en busca de inspiración.

sábado, 11 de febrero de 2012

esclava

No me gusta cómo me miras. No me gusta cómo me tratas. Para ti sólo soy como una puta, sucia y desaliñada, que mendiga su chusco diario de pan. Sólo me quieres para exhibirme, para que baile ante todos, al son de esa horrible música, encaramada a esa maldita barra de hierro. No me gusta que me pegues cuando las cosas salen mal, o cuando no hago las cosas exactamente como tú quieres. No soy más que tu esclava, y a nadie le importa.

martes, 10 de enero de 2012

mal


Replay by Maria Taylor on Grooveshark


Como los juguetes rotos, estoy aquí tirada en el cajón del olvido. Sabía que iba a ser duro, pero no esperaba tanto ensañamiento. Desde el sofá sólo acierto a poner una y otra vez el video que grabamos ilusionados hace tan solo unas semanas, aquel en el que decías que tú y yo estaríamos siempre juntos. Ahora lo pongo y lo pongo, y lo vuelvo a poner una y otra vez, una y otra vez, y no alcanzo a comprender. Tú te has ido. Ni siquiera ha nacido el bebé y tú ya no estás. Me lo has dicho con gran corrección, has usado bellas palabras. Tan bellas que no he entendido ni una sola. No paro de darle vueltas a tus explicaciones, y cada vez las entiendo menos, y las palabras se entremezclan, y son sustituidas por otras, y se confunden, se alteran, se distorsionan, y el discurso que martillea mi mente ya no es ni de lejos parecido al original. Y me da rabia no recordarlo, como si estuviera olvidando por completo las claves que me pueden llevar a descifrar el misterio. Solo recuerdo tus manos, el olor de tu pelo, y a ti, de pie frente a mí, diciendo: "no me entiendes, Sara, no me entiendes"

Y no, no te entiendo.

domingo, 4 de diciembre de 2011

Cinco motivos para llorar



Papa Dont Preach by Madonna on Grooveshark


Lamento si este post resulta prosaico para todos aquellos que esperan su dosis de misterio y jeroglífico, pero hoy no me voy a andar por las ramas: Sí, estoy embarazada.

Es posible que a alguien le extrañe mi llanto ante esta noticia tan asombrosa a la par que hermosa, puesto que el embarazo, a pesar de ser inesperado, no es un embarazo no deseado... estos son mis cinco motivos.

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El primero.


Siempre me han dado miedo los ascensores. Viajaba en uno de ellos de niña, cuando éste se descolgó en caída libre a lo largo de 30 interminables centímetros... sí, sí, reíos, pero deberíais probar la sensación de que el suelo se hunda bajo vuestros pies repentinamente un equivalente a entre la tercera parte y la mitad de vuestra estatura. Desde entonces siempre me subo cuando es imprescindible, presa de una indescriptible aprehensión, y cuando digo indescriptible, es que renuncio a intentar describirla. Para colmo de males, un buen día, en un edificio de bastantes plantas, al pulsar el piso -yo iba al 9º- por error pulsé el botón de la columna de al lado (el 19º y último) así que al llegar al 9º comprobé con horror que el ascensor me había secuestrado y no paraba. Conforme éste se fue acercando al ático me invadió la terrible sensación de que el ascensor no tenía la más mínima intención de parar, y que irremediablemente atravesaría la cubierta del edificio para catapultarse al infinito conmigo dentro. Me imaginé perdiendo la sensación de gravedad, precipitada al vacío en un vuelo imparable y sin control que inexorablemente acabaría en un hostión contra el suelo del que no saldría viva. Me tapé los ojos aterrorizada, gritando, me meé encima, y cuando el ascensor paró, por fin, en la decimonovena planta, salí como una exhalación al vestíbulo, donde 5 personas observaron atónitas cómo la chica supuestamente autora de ese alarido de ultratumba que subió hasta sus oídos por el hueco del ascensor, salía con la mirada desencajada y la cara llena de mocos y lágrimas, y aterrizaba vomitando en la primera maceta que encontró a a su paso.

El otro día, con el predictor en la mano, me sentí prácticamente igual. Sentí que había traspasado las fronteras de mis posibilidades, y me invadió un pánico atroz a no ser capaz de afrontarlo, no saber qué teta darle primero, no saber qué hacer cuando tenga fiebre, un pánico atroz a cagarla...


El segundo.

No soporto el trato directo con la gente si no es elegido por mí: no puedo soportar la idea de que todos los gilipollas que me rodean se acerquen a darme sus parabienes y felicitaciones. Especialmente el hijo de puta de su abuelo. Esto es algo tan personal... No quiero que se me acerquen, y lo harán. No sé si estoy preparada para eso. No sé..., no sé si los mandaré a todos a la puñetera mierda. No quiero ser el puto centro de atención.


El tercero.

No olvido el calvario pasado en mi infancia, adolescencia, y parte de mi vida adulta. He tenido verdaderos problemas a causa de mi carácter, y de ciertos pequeños seres de color negro que durante mucho tiempo habitaron en mi loca cabecita. No quiero que ellos vuelvan, y aunque me han garantizado que eso no ocurrirá, tengo miedo a que aparezcan de improviso y me pillen con mi bebé en brazos.


El cuarto.

No me creo que esto pueda ser verdad. No me veo con una barriga del quince. Siento que no merezco esto, que alguien se ha equivocado de puerta al entregar el paquete. En cualquier momento sonará el timbre y llegará el de SEUR a decirme, perdone, señora, me equivoqué, esto no es para usted.

El quinto.

Hay tantas personas con las que me hubiera gustado compartir esto, y no están. Ya no puede ser. Me gustaría tenerlos a todos ahora mismo, palpando mi vientre en busca de una incipiente señal de vida en mi barriga aún plana.





Susana lo sabe todo. Ahora sale todos los días del cole y se abraza a mí, y me dice: ¿a ver, mami, a ver? (hace tiempo que Susana me llama mami) y se pasa un rato escuchando, con su oreja pegada a mi barriga, mientras yo conduzco hacia casa. Ese es un motivo para sonreir, aunque eso ya es parte de otra historia.



Esto es bueno para nosotras, mi niña. Esto es bueno.
Acaricia mi vientre, acerca tu oido, disfruta y créetelo.
Porque esto es bueno para nosotras, es bueno, mi niña
y sobre todo, es para nosotras.



En tus ojos hay tantas miradas, tantas...



Hay un sexto motivo, el más importante, pero no me siento con fuerzas para contarlo. Aunque en su día ya hablé de ello.

miércoles, 30 de noviembre de 2011

preggie

Mujer De Arena by María José Hernández on Grooveshark

Aquí estoy, contemplando mi cuerpo desnudo frente al espejo. Y no puedo parar de llorar.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

forlorn

Llanto de Pasion by El Ultimo de la Fila on Grooveshark

Hoy me ha dado de nuevo por pasear por aquellos jardines que tú sabes... después de tanto tiempo. He visto los nidos donde antaño hubo pájaros que trinaban, los bancos donde nos sentábamos a charlar, cubiertos ahora de polvo, mugre y olvido. En mi mente han resonado los ecos de nuestras risas, llantos, confesiones, confidencias, chistes, abrazos, palmadas en la espalda, aplausos, explosiones de júbilo, felicitaciones. Y no había avanzado más que unos pocos pasos cuando ya me ha invadido una inmensa tristeza. Creía, tonta de mí, que iba a ser más fuerte, pero que va: he llorado como una Magdalena. Y no he podido seguir contemplando tanta desolación. Y cuando me he dado la vuelta y he salido huyendo de allí, mis pies me han llevado corriendo a tu puerta. Y al girar el picaporte he descubierto que estaba cerrada. Y ahora estoy desolada.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Pedro y Martita, Capítulo 4




Pedro, tengo hambre.

Vamos a la cocina y hacemos algo de desayunar, pero frío, ¿eh? que ya sabes que mamá siempre nos dice que no toquemos el fuego. La tita ha dicho que no nos movamos de aquí, y que ahora nos llama.

Quiero tostadas.

Bueno vale, la tostadora sí la podemos usar. Saca el pan de molde del cajón anda.

Martita abre el cajón del pan y de pronto adopta un gesto compungido: ¿Mamá no se va a despertar nunca, Pedro? ¡Yo quiero que vuelva! dice entre sollozos.

No, Martita. Creo que no. ¿Quieres mermelada? Pedro ha asumido ya su papel de hombre de la casa, y se encuentra en ese extraño estado de shock en el que eres todo responsabilidad y valentía, aunque puedas contar aun los años que tienes con los dedos de las manos.

No, sólo mantequilla.


Tomás está reunido, como de costumbre, con el consejo, que le llaman ellos jocosamente. En su empresa, una vez cada dos semanas hay una reunión donde se analizan los objetivos propuestos y se contrastan con los logrados. Cada uno tiene la oportunidad de exponer cuáles son las dificultades y problemas con los que se ha encontrado para desempeñar su función, a la vez que se plantean sugerencias de mejora. Estas reuniones, para no entorpecer la marcha normal de la estresante tarea, se producen en sábado. No es demasiado gravoso perder una mañana de sábado de cada dos para mejorar las cosas en tu trabajo, especialmente si un 20% de la empresa es tuyo, y te duele, como se suele decir. Carmen no opinaba lo mismo, y echaba de menos a Tomás en esas interminables mañanas de sábado, en las que básicamente se aburría con los niños en casa, sobre todo si hacía buen tiempo y éste invitaba a salir. Porque a Carmen esto de tirar sola de dos niños siempre le vino grande, y la realidad es que no se atrevía a salir sola con ellos a la aventura, era muy miedosa, cagona, como le solía decir Tomás. Tomás es un hombre con mucho más desparpajo, brillante, divertido, lo que se suele decir un crack de las relaciones sociales.

En plena reunión, la puerta se abre y aparece Ingrid: Tomás, tu hermana al teléfono. Dice que es importante.

Dile que ahora la llamo.

Vale, contesta Ingrid mientras se marcha, dejando la puerta cerrada tras de sí.

10 segundos después la puerta se vuelve a abrir, y aparece Ingrid blandiendo un teléfono inalámbrico en la mano: Perdonad. Tomás: dice tu hermana quetepongashostias!

Tomás se levanta y coge el teléfono que le tiende Ingrid.

Dime Evita

Nadie escucha lo que Eva le cuenta a Tomás desde el otro lado de la línea, pero viendo la expresión de su rostro, a nadie le extraña cuando Tomás sólo contesta: ¡joder! ¡voy corriendo!, y suelta el teléfono encima de la mesa. Tengo que irme, perdonad.

¿Qué pasa Tomás?

Carmen, los niños, exclama Tomás sin ser capaz de hilar una frase, mientras sale corriendo por la puerta.


Mientras, en la cocina, Pedro y Martita se están comiendo unas tostadas, de mantequilla ella, de mantequilla y mermelada él, acompañadas con unos buenos tazones de colacao que Pedro ha preparado en el microondas.

A ver si consigo, con mis insustanciales tonterías, que os escuchéis entero el concierto nº 2 para piano de Rachmaninov.